• diegosanudo

Practica pequeños hábitos y consigue grandes metas.

Seguro que lo has vivido. Te enfrentaste a algún examen en la universidad que preparabas en una semana, quizá dos. Estudiabas mucho contenido en poco tiempo y casi casi salías el examen y olvidabas todo lo aprendido.

Y pasa lo mismo con la mayoría de los cursos de formación. Te enseñan buenas técnicas que incluso asimilas y te propones llevar a cabo, pero llega el día a día y acaba con esas buenas intenciones convirtiendo esa práctica que te beneficiaría enormemente, en algo inviable.


¿Estamos condenados a vivir en un continuo desaprendizaje? ¿Son realmente útiles los procesos formativos si luego no podemos llevarlos a cabo a la práctica? La respuesta corta es sí, pero déjanos explicarte por qué.


En primer lugar, hay conocimientos permanentes. Te pongo como ejemplo las tablas de multiplicar. Las aprendiste en la escuela y no las olvidaste, ¿verdad? Hasta con la tonadilla que usabas en el colegio. Asociar el conocimiento a una canción, o a algún objeto, como se hace por ejemplo en la técnica del palacio de cristal, sin duda son una gran ayuda. ¿Pero qué ha ayudado a que pese a los años siga siendo un conocimiento que se ha vuelto automático? Al uso constante.


Por otro lado, tener una conciencia de las bondades de cierta práctica, acompañada por la generación de un hábito, darse la oportunidad de repetir la misma acción el tiempo suficiente para que se cree un camino neuronal que nos permita hacerlo como una respuesta automática, aseguran el éxito.


Por eso, es importante la perseverancia durante el primer mes, no darse permisos ni excusas. Si cada mañana salgo a caminar media hora, de preferencia a la misma hora, en un mes lo haré de forma automática, nuestro cuerpo nos lo va a pedir. Si te acostumbras a comenzar cada día escribiendo una lista con tus actividades, ¿qué crees que suceda?

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